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Maite Alberdi “Mi rol es mirar cosas que no miramos desde el cine”

Maite Alberdi “Mi rol es mirar cosas que no miramos desde el cine”

Les compartimos esta interesante entrevista de Revista Ya de El Mercurio a la destacada directora audiovisual, realizadora, guionista y crítica de cine chilena, Maite Alberdi

La documentalista estrenó en el Festival de Sundance su última película ‘El agente topo’, donde vuelve a abordar un tema que reconoce como obsesión: la realidad de los adultos mayores en Chile. A través de una historia que parece de ficción, pero no lo es, Alberdi se relaciona con la que se ha convertido en la principal preocupación social.

No partió con la idea de dirigir otra película sobre adultos mayores. Había estrenado ‘La once’ (2014), el filme que la puso en la retina de los espectadores que no estaban acostumbrados a pagar una entrada para ver una cinta que no fuera de ficción, y Maite Alberdi (36) quería mostrar el mundo de los detectives privados criollos que, contrario a la creencia, no solo se dedican a investigar infidelidades.

Y entonces se encontró con una historia de protagonista octogenario: un viudo es contratado por un investigador para infiltrarse en un hogar de ancianos, donde está internada la madre de una clienta que sospecha que la están maltratando en el lugar. Cinco años después, ‘El agente topo’, como se titula el filme estrenado el sábado 25 en el marco del Festival de Cine de Sundance (en la competencia internacional de documentales) resulta tener especial vigencia:

– De qué estamos hablando hoy post-estallido, de las pensiones; pero el problema no es solamente la perspectiva económica, porque lo que visibiliza la película es que las personas están abandonadas y se sienten solas, y los hijos creen que cumplen pagando para que las cuiden; pero lo que hemos decidido es que los ancianos se excluyen de la sociedad y esa exclusión los ha llevado al problema de las pensiones y a otros más grandes, (como) que las tasas más altas de suicidio en Chile son de adultos mayores, más que jóvenes, porque se sienten solos. Esa exclusión es la que está en la película, por qué un país que también, en este afán exitista, no quiere envejecer.

La vejez tiene una carga negativa y triste que no tiene por qué ser. Lo entendemos de esa manera porque hemos tendido a excluirlos, pero otros países no lo ven así.

El año pasado la documentalista chilena fue integrante del jurado de Sundance. El filme, que no tiene definida fecha de estreno en Chile (podría ser a mitad de año), es una coproducción de cinco países, incluyendo Holanda, donde terminó el montaje antes de partir al Festival, que se inauguró el 23 de enero y finalizará el domingo 2 de febrero. Sundance, afirma ‘es una puerta importante para el mercado norteamericano’, luego vendrá un circuito de festivales que es una vitrina importante para que la película llegue a más mercados.

‘Viajo en la medida que tengo que hacer cosas afuera para las películas’, dice, aludiendo a la reorganización que ha significado en su vida la maternidad (su hijo cumple 2 años en febrero).

– ¿Cómo se maneja en el circuito internacional?

– La industria internacional ha ido cambiando y por supuesto (a nivel) local ha ido creciendo. Uno no puedo decir: ‘sí, es mi trabajo’; en conjunto (productores y cineastas) hemos ido conquistando un terreno afuera y el cine chileno ha sido reconocido. Pero lo que me preocupa hoy, es que se ha crecido gracias a fondos que ahora cortaron (subvención de BancoEstado para distribución de las películas, Corfo Desarrollo) y tampoco hay promoción para que privados inviertan en cine. Entonces, la industria ha ido creciendo, pero lo más difícil es mantenerse, ahí estamos en un terreno peligroso.

DOBLE ROL

Durante casi cuatro décadas, el Festival de Sundance se ha convertido en una vitrina diversa e inclusiva, donde se da por ejemplo que la proporción de filmes dirigidos por mujeres (46% en las dos últimas ediciones) es mayor que la que se observa en el circuito comercial (5% a 10%), pese a que en general en las escuelas de cine se observa paridad entre los estudiantes.

Para Maite Alberdi, tiene que ver con que, como en otros ámbitos, en cine se reproducen los roles tradicionales de género, ‘pero no solo se replican las estructuras machistas, sino que otros privilegios, como educacionales, de acceso’, y donde además se trabaja de manera independiente, lo que dificulta por ejemplo compatibilizar la carrera fílmica con la maternidad. Aunque considera que su caso es distinto:

– Creo que el documental muchas veces —en términos de la familia y la maternidad— es un terreno más cómodo para ser directora que la ficción, porque los tiempos son más flexibles. Yo tengo el privilegio de que puedo acomodar mis rodajes. No es como que tengo 30 días de rodaje fuera de mi casa, sino que puedo grabar dos veces a la semana, a veces me tocan períodos intensos, pero es más a lo largo del tiempo que un tipo de trabajo que implica mucho estar fuera y desconectado.

Quizás eso privilegia que hayamos más documentalistas que directoras de ficción. Pero claramente, para todas las artes es difícil ser independiente, no existen beneficios sociales para la independencia, no hay sala cuna, no estamos contratadas generalmente y claro, podemos tener hoy el beneficio del posnatal, pero ningún otro apoyo desde el Estado. Eso también dificulta la realización.

– Hace tiempo criticó que aún existiera presión social para ser madre.

– Es una decisión tan grande, que uno no está como para imposiciones sociales, en esos términos. Tengo mucho respeto y entiendo la decisión de no tener hijos también, me parece más problemático claro, sentir esa imposición, pero yo nunca lo sentí como un deber. Es algo que quería en algún momento, pero también siempre es difícil para las mujeres encontrar el momento. Y uno se trata de organizar y hace malabares, y yo iba a editar con mi hijo, amamantando. Creo que uno nunca va a encontrar el momento perfecto, si uno quiere, hay que atreverse. Para la cineasta, su maternidad coincidió con la consolidación de su carrera.

– Hoy es lo mismo para todas las mujeres lidiar con un hijo, y hay un machismo arraigado en todas las industrias. Me pasa que voy a un festival de cine y todo el mundo me pregunta: ‘¿con quién se quedó tu hijo?’ y dudo que a los hombres les pregunten eso. Ahora estoy en un grupo de mujeres que están armando guarderías en los festivales de cine, para que uno pueda viajar con los hijos, pero eso pasa recién ahora ¿por qué no fue una preocupación antes? Todas tenemos que lidiar con esa organización de maternidad y trabajo, que es complejo. Y hay cosas transversales, más allá de que yo sea cineasta, parvularia o ingeniera, padezco lo mismo de la isapre que me cuesta tres veces más.

INVISIBLES

Maite Alberdi logró mayor notoriedad a partir de su segundo largometraje ‘La once’ (2014). La buena recepción tuvo que ver, en parte, con que el común del público asociaba el género documental a un solo estilo, más cercano al reportaje periodístico, con narrador en off, imágenes de archivo y entrevistados.

La directora formada en la Universidad Católica, en cambio, cultiva este género audiovisual desde una perspectiva de observación. El resultado, después de editar el material registrado, son cintas que narran historias y muestran personajes de forma similar a una obra de ficción. Tras ‘La once’, donde a través de las conversaciones de las protagonistas se mostraba la evolución del rol de la mujer en Chile; vino ‘Los niños’ (2017), sobre un grupo de adultos con síndrome de Down, que incluía una pareja de pololos que quería casarse y un joven que buscaba independizarse económicamente.

Detrás de cada una de sus obras hay años de investigación y grabaciones, por lo que trabaja en proyectos en paralelo. ‘Como paso tanto tiempo en cada proyecto, no puedo terminar uno y recién empezar el otro; entonces van en distintas etapas’, dice la realizadora, de los que actualmente ‘tengo uno que está empezando el rodaje, otros que están en investigación’. Un taller literario del Sename y otro de música para sordos son los temas de futuros documentales en los que trabaja, ‘entre otros’, recalca, de los que no entrega más detalles para no interferir con el proceso:

– Tiene que ver con la intimidad de los personajes. Es como ‘El agente topo’, yo no conté nada hasta hoy, porque tenía un agente infiltrado dentro de un lugar, entonces si contaba lo que estaba haciendo, se me quemaba. De hecho, hace un par de días le contamos a la gente del hogar que el señor era un infiltrado y les mostramos el material. Entonces cuido a mis personajes. Y porque también solo el tiempo te da una perspectiva profunda del tema, entonces si me pongo a hablar de las películas en el proceso, yo tampoco las tengo tan claras cuando las estoy filmando. Estoy viviéndolo con ellos. No está escrito, es la realidad. Estoy procesándola.

– ¿Su relación con sus protagonistas es distinta a la de un director de ficción con su elenco?

– Un director de ficción también tiene una relación profunda con los actores con que trabaja. Tiene que conocerlos. Pero son distintas en el sentido que tienen una relación con esa persona y no con el personaje. Para mí, persona y personaje son lo mismo y trabajo con personas que no están acostumbradas a estar con una cámara; más allá de lo que se ve en pantalla, tengo que cultivar y trabajar la confianza y que ellos entiendan cuál es el fondo de lo que uno está haciendo, y que de alguna manera tengan un compromiso, la motivación de comunicar algo, porque no es fácil tener una cámara en tu vida durante años.

– ¿En cuál de las películas ha sido más difícil?

– Todas son distintas. Mi abuela tenía 5 hijos y siempre decía que no podía decir a cuál quería más, que no todos los dedos de la mano son iguales. Yo tengo que decir lo mismo de mis personajes, a veces uno se siente más cómoda con unos que con otros, pero prima el cariño y soy una agradecida del tiempo que me han permitido vivir con ellos. Mi vida es más rica, de todos he aprendido, me han ayudado a ser una persona tolerante y empática. Me pasaba en ‘La Once’, uno dice son mujeres que política y moralmente piensan distinto a mí, pero las quiero y puedo llegar a entender por qué piensan como piensan, porque tuvieron otra crianza, y cuando fueron adultas no tenían derecho a voto y les tocó vivir otra vida distinta a la mía. 

– ¿Sigue en contacto con ellas o con ‘Los niños’?

– Uno los invita, los trata de ver cada cierto tiempo. La película termina, pero la vida sigue. Los personajes siguen viviendo y uno sigue comprometida con ellos. Y sí, son parte de tu vida, entonces la muerte de Andrés (el pololo con síndrome de Down) fue difícil porque uno tenía un compromiso con esa historia de amor que quedó coartada, y después murió la Anita y por supuesto que los que padecen más fuerte son sus familiares, pero uno también los echa de menos. Ricardo está bien, no se ha ido a vivir solo, pero tiene un buen trabajo.

– Pareciera que sus películas son sobre los olvidados de la sociedad.

– No sé si olvidados, pero muchas veces invisibles. Como el mismo ‘Agente topo’, la película es sobre la invisibilidad que tenemos cuando tomamos la decisión de llevar a un familiar a vivir a un hogar de ancianos, porque los ancianos y la vejez hoy están totalmente invisibilizados socialmente. Pero creo que mi rol es mirar cosas que no miramos desde el cine, realidades que no observamos, desde una historia emotiva con la que yo me puedo reír —me importa que exista humor—, me puedo conectar y emocionar y desde esa emoción, lograr plantear esas preguntas como para entender, finalmente, el problema de fondo. Hay ciertos sectores que están totalmente marginados, entonces creo que la cultura y el cine en general, tienen que hacerse cargo y los documentalistas tienen que visibilizar a esos invisibles.

VEJEZ

La documentalista había rodado antes en un asilo de ancianos, en ‘Yo no soy de aquí’ (2016), sobre una inmigrante vasca con alzhéimer que no aceptaba y que vivía en un hogar de Providencia. ‘El agente topo’ tiene como protagonista a Sergio, un viudo de 85 años que responde a un aviso de empleo en el diario, publicado por un detective que necesita una persona para que se vaya a vivir un tiempo a un hogar con la misión de averiguar cómo es la vida de la madre de una clienta que está internada allí. Como él nunca ha sido detective y ni siquiera sabe usar un celular, primero tiene que pasar por un entrenamiento. Una vez al interior del asilo de ancianos, ‘de alguna manera, su misión de detective queda a un lado, porque va poniendo el corazón en el trabajo y las personas del lugar lo van conquistando’, cuenta la directora, y agrega sobre lo contingente que resulta:

– También te habla de cómo estamos, porque la película parte con una secuencia de muchos ancianos mayores de 80 años que llegan a buscar trabajo (es real que todos llegaron por un aviso del diario), entonces tú dices ¿por qué una persona de 85 años está buscando trabajo?; más allá de que quiera estar activo —que está bien— pero es porque lo necesita porque si no, no sobrevive. Te muestra una diversidad de adultos mayores que necesitan trabajar, que no les alcanza su pensión, y otros que están aislados en un hogar de ancianos. Tiene que ver con la invisibilización y el exitismo que nos ha llevado a valorar el individualismo y no pensar cómo nos hacemos cargo de los que son dependientes, cómo los integramos y cómo son parte activa de la sociedad. No para que esté sentado mirando la tele.

– Es distinto a lo que vemos cuando llegan cruceros de turistas extranjeros jubilados…

– Acá estamos discutiendo por las condiciones mínimas de sobrevivencia del adulto mayor, pero no del goce. El goce es un espacio que es totalmente dominio de la juventud y la adultez, pero no de la vejez. La vejez es ‘cómo se pagan los remedios’, así son las discusiones, porque esos requisitos mínimos no están cubiertos. ¿Por qué ‘La Once’ le gusta a la gente?, precisamente porque ven a un adulto mayor pasándolo bien, que en Chile eso es excepcional, porque no está asegurada la salud y las pensiones para todo el mundo. La cineasta reconoce una sintonía especial con este tema, que probablemente venga de la admiración que sentía por su abuela, María Teresa Muñoz, protagonista de ‘La Once’, por lo que nunca le generó rechazo, por el contrario afirma ‘me siento cómoda con las personas mayores’.

– ¿Más o igual que con la gente de su edad?

– Creo que más o igual. Sí, podría ser más, como un terreno confortable.

– ¿Cómo se ve de mayor, piensa en la vejez, le preocupa?

– No sé si prefiero no pensar… es algo que todos evitamos pensar. Cuando eres chico quieres ser adolescente, cuando eres adolescente quieres ser adulto; pero hasta ahí llega la proyección. Nadie sueña qué tipo de viejo quiere ser, porque hay una imagen que tenemos que cambiar en la construcción social, por qué no piensan ‘quiero ser una mujer mayor que trabaje y que lo pase bien’; quizás no voy a poder, porque también tiene que ver qué te permite el cuerpo.

Pero en realidad uno —y eso que yo tengo una obsesión con el tema— hay una edad en que uno no se piensa o evita pensarse. Y eso es lo problemático. Como que nos hacemos cargo cuando estamos llegando a (esa etapa).

Para revisar entrevista completa hacer click aquí

Auspiciadores

Agradecimientos Especiales

Colaboradores

    • Andrea Cuomo
    • Andrés Rodríguez Perez
    • Cecilia Echeñique
    • Comité Calificador de Donaciones Culturales
    • Embajada de Chile en Estados Unidos
    • Estela F. Garafulich Adult Literacy Programe
    • Francisca Florenzano
    • Javier Mendicute
    • Javiera Parada
    • Jurado Concurso de Canto 2014-15
    • Jurado Concurso “Mujeres en la Musica II”
    • Jurado Final “Cartas de Mujer”
    • Jurado Preseleccion “Cartas de Mujer”
    • Kingston Family Vineyards, Casablanca Valley
    • María José Viera Gallo
    • Mario Agliati
    • Michelle Landa
    • Nieves Edwards
    • Roberto Sepúlveda
    • Rodrigo Espinosa
    • Sandra Perroni
    • Teatro Corpartes 660
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    • Viña Veramonte

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