Francisca Rojas, artista Women to Watch 2024

Francisca Rojas, artista Women to Watch 2024

La artista Francisca Rojas fue la seleccionada nacional para formar parte de la muestra “New Worlds: Women to Watch 2024” del National Museum of Women in the Arts a inaugurarse en abril próximo, en Washington D.C.

Su obra a presentar: “Universalis cosmographia”, está compuesta de 25 piezas de cerámica, donde hace referencia al ícono de la tradicional Guitarrera de Quinchamalí junto a diferentes símbolos, tanto bélicos como del imaginario popular contemporáneo, buscando problematizar así el canon que se tiene sobre el rol de la mujer.

La artista es representada por Factoría Santa Rosa en Chile, y fue parte de la exhibición “Un Nuevo Mundo”, que organizamos en conjunto con la I. Municipalidad y Corporación Cultural de Lo Barnechea en marzo de 2023, que reunió el talento de 12 creadoras nacionales, todas representadas por galerías dirigidas por mujeres.

Francisca es Licenciada en Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Restauradora de la Universidad de Chile, MA en Industrias Culturales y Creativas de King’s College London, y Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Ha desarrollado su trabajo principalmente en Chile, México, Colombia y España, entre otros países, realizando exposiciones en reconocidos museos y galerías del país  y el extranjero.

Quisimos conocer cómo se prepara para su participación en la muestra de Washington D.C. y sus proyecciones frente a este nuevo desafío en su carrera.

    “New Worlds: Women to Watch 2024” en el National Museum of Women in the Arts se inaugura en abril, ¿Qué significa para tu carrera formar parte de esta muestra?

Formar parte de esta muestra representa un hito muy significativo para mí, no solo porque es una plataforma destacada para cualquier artista visual, sino principalmente porque amplifica las miradas y perspectivas de mujeres de distintas partes del mundo que estamos realizando una labor simbólica desde el arte, muchas veces silenciosa, pero que en tiempos tan convulsos como los actuales me parece profundamente necesaria. Ser una de estas mujeres, visibilizar mi trabajo y tener la oportunidad de conectar con otras artistas y otros públicos es un honor y un privilegio.

    Tu obra transita entre el arte y la artesanía hecha por mujeres, ¿Qué recoges del trabajo de las artesanas y su manera de hacer?

Admiro y respeto el trabajo de las artesanas. Muchas de sus obras y de los íconos tradicionales que representan son un referente fundamental para mi quehacer artístico. Justamente, cuestionar las distinciones entre lo que entendemos por arte y artesanía – sumado incluso a los marcos legislativos que regulan estas prácticas – ha sido para mí, motivo de reflexión y conflicto. Ahora bien, desde una mirada más personal y afectiva, pero no por ello menos política, son las estéticas que convocan los oficios tradicionales las que suscitan mi fascinación y se entrecruzan con mi dimensión más íntima, la de mi historia familiar, de mis recuerdos de infancia y de los objetos que se atesoraron.

En cuanto al modo de hacer, hay tres aspectos inherentes a la artesanía que me parecen fundamentales para la creación y que me gustaría algún día lograr incorporar con la misma legitimidad en mi propia práctica. Me refiero al vínculo con el territorio, al desarrollo disciplinar y a la integración de lo colectivo/colaborativo.  

    ¿Cómo ves el rol de las mujeres en el arte contemporáneo de Latinoamérica?

Antes de responder directamente a tu pregunta, creo inevitable insistir en la necesidad de implementar políticas afirmativas, reparatorias y de protección social para que las mujeres podamos desarrollarnos de forma integral y logremos ejercer el rol para el que nos sintamos convocadas, como el de artista, por ejemplo. Por otro lado, también pienso que es importante destacar el trabajo que infinidad de mujeres han realizado en el plano artístico y que ha permitido que hoy muchas de nosotras tengamos la posibilidad de participar del arte contemporáneo, con mayor o menor notoriedad, e incluso con la multiplicidad de variaciones que esta afirmación aguanta.

No obstante lo anterior, me parece que el rol del arte contemporáneo latinoamericano, o al menos del que a mí me moviliza, debe ser necesariamente decolonizante y, en ese sentido, la reivindicación de las estéticas propias de cada territorio es fundamental. Por lo mismo, pienso los oficios y las materialidades que tradicionalmente han estado vinculadas a las mujeres son los medios principales para ejercer dicho rol.

    ¿Tienes algún referente que nos puedas confesar?

¡Tengo muchos! Desde lo personal, mis principales referentes son las mujeres de mi familia. Si bien ninguna fue artista propiamente tal, fueron ellas quienes me heredaron la admiración por los oficios. Sin ir más lejos, todavía hago obra con materiales que fueron de mi bisabuela, intervengo objetos que mi abuela atesoró toda su vida y trabajo con herramientas de mi mamá. 

En términos más prácticos, el trabajo de Teresa Villeuta, Flor Dalia González, Greta Cerda y Marta Contreras ha sido un enorme referente para mí. Ellas trabajan con técnicas tradicionales de Quinchamalí y Talagante, respectivamente, y tienen un oficio asombroso. Ahora bien, desde el arte contemporáneo,  admiro la carrera de Voluspa Jarpa. No solo me impresiona la rigurosidad de sus investigaciones y la absoluta solemnidad de la que inviste a su trabajo, sino que también, admiro la generosidad con la que asume su rol como docente en la formación de nuevas artistas.

    ¿Cuáles son tus proyectos luego de la muestra del National Museum of Women in the Arts?

Hace poco comencé a trabajar con la galería RoFa Projects, cuya sede también está en Washington. Allí voy a inaugurar una muestra, inmediatamente después de la exhibición en el NMWA, lo que me tiene muy contenta. Luego de eso, me voy a dedicar a producir nuevas obras para proyectos que tenemos con Factoría Santa Rosa, que es mi galería madre y de la cual estoy profundamente agradecida.