Paola Vezzani, artista visual

Paola Vezzani: “Creo que existe deuda de género en todas partes”

Paola Vezzani fue nombrada, recientemente, miembro de la Academia Chilena de Bellas Artes, en una ceremonia realizada en la Universidad de Magallanes en Punta Arenas, convirtiéndose en la artista más joven que recibe este reconocimiento.

La destacada creadora nació en Punta Arenas y estudió arte en la Pontificia Universidad Católica, donde trabajó por 10 años hasta que volvió a su tierra natal. Actualmente, trabaja en la Universidad de Magallanes en el cruce del arte, la ciencia y la conservación del medio ambiente.

Las esculturas de Paola están marcadas por el paisaje, el clima y la historia de la tierra de Magallanes. Su obra se encuentra tanto en espacios públicos, como en colecciones privadas, y ha expuesto en forma individual en Chile, Canadá y Estados Unidos. 

Desde el año 2007 colabora con el Programa de Conservación Biocultural Subantártica de la Universidad de Magallanes, y desde el año 2014 forma parte del equipo de la Universidad que participa en el Proyecto Regional del Centro Antártico Internacional.

Actualmente, comparte su tiempo entre su taller y “La Galería”, proyecto de arte y diseño en Punta Arenas.

  • ¿Cuáles son tus impresiones tras haber sido nombrada miembro de la Academia Chilena de Bellas Artes de Chile?

¡Es una aventura! Pues como buen viaje necesito ser responsable o consecuente con la misión de los académicos de difundir conocimiento de sus áreas. Es un honor y más aún ser correspondiente de Magallanes, que me parece, es una Región tan particular y con tantos temas en paralelo, desde el Hidrógeno Verde a la fragilidad de los ecosistemas que no han sido tan intervenidos y por lo mismo permiten medir los efectos del cambio climático. La historia es mítica con hitos geográficos como el Cabo de Hornos y el Estrecho de Magallanes, la Patagonia. Desoladora también ante el encuentro de la cultura occidental con las culturas ancestrales que habitaban esta Región y prácticamente desaparecieron por el abuso de poder del más fuerte. Hoy los pueblos están vivos en sus descendientes, yaganes, kawesqar, y ahora un grupo del pueblo selk’nam que busca ser reconocido como etnia viva.

  • ¿Cómo el ser mujer se refleja en tu trabajo, y en específico, ser una mujer magallánica?

Difícil pregunta. Lo primero que pienso es que mi madre me traspasó el amor por la tierra, por la naturaleza, de la forma que las madres lo hacen, con ternura, en lo cotidiano de la formación, con su ejemplo y con sus invitaciones permanentes a estar en el campo y sorprenderse y disfrutar al encontrar escarabajos, abejorros, mariposas, frutillas, calafates, zorros, golondrinas, patos, truchas, flores silvestres, juntando palitos o caracolas. Asombro y curiosidad infinita.

De ahí, de la línea materna, viene la forma en que ordeno, compongo, dibujo con los elementos que tenga a mano. Si recorto acero y hago formas que evocan el viento, el mar, las algas, los bosques son en esa sintonía que alterna la memoria y lo que observo ahora e intento traducir a metáforas. Tal vez lo femenino está en el tono en que hablan los trabajos, desde lo hermoso, desde la conciliación, desde el acoger.

  • ¿Qué te llevó a colaborar con programas de investigación científica?

Desde las primeras exposiciones, las obras tenían una conexión con el paisaje y la memoria magallánica. No me di cuenta hasta que con el paso de los años ya estaba viviendo en Punta Arenas. La sensibilidad con la naturaleza me llevó, hacia la necesidad de trabajar con un mensaje más bien ecológico que simplemente era usar el material conceptual y físico que me ofrecía la naturaleza. Entonces, conocí a Ricardo Rozzi y comencé a colaborar con los equipos de investigadores desde diferentes aristas. He ido aprendiendo a observar bajo una lupa biocultural, en donde importan las miradas que provienen de las culturas ancestrales como conocimiento necesario y complementario para entender ciclos de vida y relaciones entre cohabitantes. Con la idea de cohabitantes me refiero a todos los seres vivos, humanos y otros qué humanos, que compartimos un mismo hábitat o una misma casa. Entonces, desde la ciencia, conocer e identificar especies, entender las relaciones ecosistémicas y desde la mirada humanista, sorprenderse, fascinarse, amar y acercarse a una forma de habitar más consciente y por ende más cuidadosa con el medio que nos acoge, con nuestra casa.

  • ¿Sientes que hay una deuda de género con las artistas Magallánicas?

Creo que existe deuda de género en todas partes, sí que acá en Magallanes, por cierto que sí. También veo con admiración a las generaciones más jóvenes que han encontrado fuerza para mostrar su voz y así lograr que las brechas disminuyan. No se trata de una o dos personas que pudieron dar el ejemplo hace 100, 80 o 60 años. Ahora la masa crítica es grande y nuestra sociedad ha evolucionado en las libertades y en escuchar las voces de las mujeres. Este proceso ha sido muy fuerte en los últimos 20 años, tal vez el resultado del crecimiento exponencial que al fin se ha hecho visible.

  • ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy preparando una exposición para la Galería Cleartext en Berlín, Alemania, junto a la pintora Karen Luderitz que se inaugura a finales de septiembre. El título es “Travesía” y abordaremos ambas el tema de la partida de un gran escultor y amigo alemán, Karl Menzen.

Las obras que estoy haciendo juegan con la idea de la transformación a través de imágenes, que evocan naves o embarcaciones que mutan a una ballena o a un árbol, que pasan de madera a acero, o de cuero a ramas.

Una escultura muy similar en forma y sentido estará en la exposición colectiva de la Academia Chilena de Bellas Artes en la Universidad de Talca sobre la idea del viaje en octubre de este año.